Cuando  se habla de la moda y el estilo de vida, debemos recordar que la moda es la que refleja los gustos y preferencias de las personas en una época determinada, sus valores, actitudes  y opiniones predominantes en relación a los productos existentes en el mercado, considerando que ésta no sólo incluye a la ropa o vestimenta,  sino a cualquier producto o servicio cuyo consumo sea masivo relacionados con los viajes, artículos de belleza, decoración, automóviles, música, entre otros.

Ahora bien, si analizamos  la moda desde el punto de vista de la vestimenta y/o atuendos que masivamente utilizan diferentes grupos sociales en distintas culturas y/o países, debemos considerar que la misma posee una dimensión sociocultural y una dimensión económica, ya que las ganancias económicas y el éxito empresarial de una marca determinada depende  en gran medida de los grupos sociales, sus estilos de vida y cultura, que a su vez influyen en sus gustos y preferencias a la hora de vestir.

En este contexto, debemos señalar también que con frecuencia los términos moda y estilo se confunden; pero la  moda se hace presente cuando un producto se hace popular y es consumido en un lugar y  período de tiempo determinado, mientras que el estilo está representado por las características que distinguen a un producto  particular y lo diferencian de otros. Por otra parte, dentro  de un mismo estilo puede haber varios diseños.

Es así como, la moda se hace presente cuando un estilo determinado se hace muy popular y es seguido de manera masiva por los grupos sociales, en un ciclo de vida, el cual puede ser  predecible en el tiempo, pasando por las siguientes etapas: introducción, crecimiento, madurez y declinación, cuyo conocimiento es básico para que las empresas dedicadas al marketing diseñen sus  estrategias de comercialización.

Por lo tanto, para que las empresas dedicadas a la moda logren diseñar sus estrategias de forma efectiva, deben comprender claramente las actitudes y comportamientos de los consumidores potenciales de sus productos, además del desempeño de sus marcas, debido a que del seguimiento de las preferencias de éstos, de sus hábitos de compra según sus estilos de vida, depende la aceptación y ventas de los productos, por ello dedican mucha atención al análisis de estos factores dentro del proceso de marketing.

Por ello, los especialistas de la moda se basan en la investigación de mercados para determinar las áreas que producen  mayor  satisfacción y fidelidad de los clientes, con la finalidad de trazar sus estrategias para imponer tendencias basadas en las preferencias de los consumidores potenciales de determinados productos  de acuerdo a sus estilos de vida.

En consecuencia, la moda se ha convertido en un reflejo y expresión estética de diferentes  sociedades,  y a través de ella se puede tener acceso a información relevante de las personas, sus gustos, estilos de vida, preferencias, actitudes y comportamientos, condicionadas en gran medida  por  los valores y actitudes sociales imperantes en el lugar y tiempo analizado, observándose que con frecuencia las personas pueden verse influenciadas por su admiración por  personalidades como artistas, deportistas, políticos, youtubers, etcétera, pero en la actualidad los individuos se han vuelto más independientes y autónomos, lo que hace que cada vez más se imponga la moda propia.

Esto se explica debido a que la moda es un comunicador de identidad, de acuerdo al cual las personas se identifican con un estilo de vida determinado, su indumentaria reflejará de manera evidente y característica  su forma de pensar, la cual está a su vez condicionada por factores socio-culturales como la religión, el nivel educativo,  posición social, entre otros.

Prueba de ello, es el hecho de que los movimientos a favor o en contra del consumismo presentes en diferentes épocas, han encontrado en la vestimenta y el arreglo personal, formas de expresión fundamentales para comprender la evolución de la moda y su influencia en las distintas sociedades.

Es así como,  durante el siglo XX el mundo de la moda tuvo un auge significativo debido a que la mujer alcanzó libertades sociales, políticas y económicas, que le exigieron cambiar su estilo de vida y sus hábitos al vestir,  requiriendo la adquisición de  mayor variedad de prendas, peinados y accesorios más cómodos, cónsonos con las diversas actividades desarrolladas, y ya la ropa de ama de casa no se ajustaba a sus necesidades básicas.

Es evidente entonces, que la moda es determinada por  los cambios en el estilo de vida de la sociedad, el cual también depende de  los períodos  históricos de un determinado lugar, de su clima y características geográficas, marcando las nuevas tendencias imperantes, como por ejemplo el mayor cuidado del cuerpo y la apariencia en la década de los 70 y los ´80, que generaron nuevas necesidades en los grupos sociales, las cuales se vieron reflejadas en la vestimenta.

Podemos dar algunos ejemplos de diferentes tendencias que marcaron épocas alrededor del mundo, tales como: la moda de la pollera amplia y la chaqueta entallada que acentuaba la cintura en los años 40; de los pantalones cómodos y en movimiento en la década de los 50, la minifalda que se impuso en la década de los años 60, la imposición de la estética caracterizada por ropa estilizada que suavizaba los diseños en la década de los 70, o la tendencia de las grandes hombreras y las polleras tubo en los años 80.

Es importante señalar lo expresado por Piñuel Raigada (1992) quien afirmaba que “desde el punto de vista sociológico, la no aceptación de las innovaciones que propone la moda es considerada una señal de marginación, mientras que la participación en las mismas se premia con el reconocimiento social”. De este modo,  este autor considera a la distinción social como un factor que ha marcado la pauta a seguir en el proceso de creación y desarrollo de las modas a través del tiempo. Es así como, surge la imitación de los estilos  utilizados por personajes influyentes y famosos que han determinado el seguimiento de cualquier moda.

Basándonos en esta perspectiva,  la moda se desarrollaría desde lo más alto del estatus social hacia abajo, circulando entre un mismo grupo social de forma horizontal  o transversal entre grupos no vinculados.

Sin embargo, en la actualidad esta forma de fluidez de la moda se ha revertido, debido a la disminución de la imitación por parte de las clases que aspiran parecerse a otros,  haciendo que las modas comiencen a fluir de abajo hacia arriba.
Desde esta perspectiva, generalmente se explica que existen tres teorías que intentan explicar cómo se expande e impone una moda. La primera, es la teoría del escurrido, según la cual  la moda fluye  de arriba hacia abajo. Por ejemplo, en la antigüedad  los monarcas o reyes, como el único poder que decidía todo en un imperio o reino, imponían la moda que posteriormente imitaban los nobles y las clases acaudaladas, mientras que las  clases más bajas estaban excluidas.

Posteriormente se presenta la teoría de la navegación, la cual comenzó a   desarrollarse con el progreso socio-económico del siglo XX, produciéndose una disminución de la imitación de vestuarios, imponiéndose la funcionalidad en las prendas de vestir con la finalidad de que representara el rol de cada quien  en la sociedad, haciendo que la moda se expanda horizontalmente en cada grupo social y entre grupos no vinculados entre sí.

Finalmente, se presenta la tendencia de fluidez de la moda de abajo hacia arriba, la cual representa a la teoría del cambio, que explica cómo algunos  estilos determinados como por ejemplo el uso de los jeans, las zapatillas o la ropa safari, pasaron de ser prendas usadas por un grupo minoritario o de clases bajas a ser usadas por todos los estratos sociales con mayor poder adquisitivo, convirtiéndose en atuendos de consumo masivo. De allí que, se considera que casi cualquier individuo creativo e innovador puede crear e imponer una moda si se adapta o toma en cuenta  los estilos de vida imperantes en un lugar y tiempo determinado.

Por otra parte, desde el punto de vista sociológico, se sostiene que la moda es un proceso de comunicación de los individuos, a través del cual expresan sus gustos y preferencias de acuerdo a su estilo de vida que determina su moda particular,  constituyendo su forma de comunicación no verbal que expresa su identidad y pertenencia a la sociedad.

Podemos afirmar entonces, que el estilo de vida es determinante en el proceso de imposición de una moda, pero en muchos casos el uso de determinada vestimenta puede ser motivo de un deseo de pertenecer a un grupo social determinado,  convirtiéndose en un acto de imitación, donde se asume la actitud de seguir al líder para obtener estatus social, sin embargo, sea cual sea el motivo para usar una prenda, esto contribuye a la expansión de una moda determinada. De allí que, se  afirma que la moda provee a las personas de estatus y les otorga seguridad dentro de un proceso de adaptación en el entorno en el cual se desenvuelve.

En consecuencia, a la hora de asegurar que los diseñadores  o las casas de moda imponen modas, debe aclararse que sólo son un elemento dentro del conjunto de factores que determinan la misma y, aunque sus creaciones pueden crear tendencias que muchas personas siguen, esto dependerá en  mayor grado de otros factores como los cambios sociales, estilos de vida, cambios en las actitudes, gustos y preferencias, cambios en el medio ambiente o grandes acontecimientos mundiales (guerras o recesión económica) o del desarrollo tecnológico, tiempo histórico, país o cultura del grupo social que esté involucrado en ese cambio.