La extravagancia es un calificativo que se utiliza frecuentemente para identificar a aquellos objetos y/o personas que se exceden en las características de los objetos que usan, en su vestimenta, en su forma de hablar y comportarse, y que va mucho más allá en determinados casos, hasta llegar a formar parte de su estilo de vida. Así, podemos encontrar en todos los niveles y ambientes personas extravagantes que la mayoría considera grotescas y hasta desagradables, pero que para otros su estilo representa una huella personal que los distingue de los demás.

Para vamos a analizar el significado de esta palabra, recurriendo al Diccionario de la Lengua Francesa, ya que el término “extravagance” aparece por primera vez en dicho idioma a fines del siglo XV, proveniente del adjetivo “extravagant” que proviene del latín “extravagans”, y éste a su viene de “vagans”, participio presente del verbo vagari, el cual significa errar, refiriéndose al hecho de caminar sin rumbo fijo.

Además, se le dan dos sentidos, el primero hace referencia al hecho de no ser incorporado o aceptado en los cánones, mientras que el segundo viene del siglo XVI y se refiere a algo que sale de los límites del buen sentido (o del sentido común). Es a la vez extraordinario y “desrazonable”, bizarro, grotesco, excéntrico, exagerado, excesivo, irregular, retorcido.

Entonces, cuando hablamos de las joyas extravagantes se nos vienen a la mente excentricidades que normalmente tienen los famosos, que llegan a gastar fortunas en joyas que los identifique o que les cumpla simplemente un capricho, como si el mundo no necesitase de recursos para paliar el hambre en tantas partes del mundo.

Desde nuestra perspectiva, consideramos que las excentricidades que rebasan los límites, se convierten en actos que dejan ver la superficialidad de algunas personas, que necesitan ser reconocidas a como dé lugar, que encuentran en la extravagancia el aire que les da vida. Por ello, a menudo nos sorprendemos cuando observamos ciertas joyas lucidas por personajes famosos, sobre todo del mundo del cine y el espectáculo, como así también por miembros del jet set internacional.

Sin embargo, la extravagancia no siempre se relaciona con costos enormes, una persona puede lucir extravagante con atuendos y joyas de menor costo, es cuestión de presupuesto, personalidad y estilo de vida. Además, consideramos que la extravagancia tiene sus niveles, que en el caso de algunos famosos llegan a límites insospechables, como los casos de cantantes actuales de reguetón, hip hop y otros estilos musicales, quienes lucen prendas enormes con diseños grotescos que reflejan el mal gusto fuera de serie.

Trasladándonos en el tiempo a la época dorada del cine, tenemos a la famosa actriz Liz Taylor, quien se caracterizó por usar joyas opulentas y barrocas, pero sin llegar a una extravagancia extrema, y en contraposición a Grace Kelly, que siempre lució elegante y sencilla con son inolvidables collares de perlas clásicos y siempre actuales.

Pero, definitivamente cuando cuestionamos si la extravagancia en la joyería se trata de moda o del mal gusto de ciertas personas o grupos, debemos decir que se trata de ambas cosas, aunque a algunos les pueda parecer que lo del mal gusto está demás. A nuestro parecer las exageraciones en la joyería como en todos los ámbitos de la vida, son de mal gusto y aunque muchos personajes logren su cometido, la gran mayoría no comparte sus preferencias, aunque las respeten.

Las personas extravagantes buscan estar permanentemente en el centro de la atención y de las miradas de todos, y recurren a cualquier cosa para verse diferentes y lograr ese toque particular e individual a su propia imagen, sobre todo cuando se trata de personajes famosos, que en pleno siglo XXI cuentan con el aval de las redes sociales para proyectarse en todo el mundo.

De esta manera, en un mundo más globalizado en donde las tendencias de la moda cambian a la velocidad de la luz, las actrices de cine, divas de la música, y todo tipo de personajes famosos de diversos ámbitos, se ven en la necesidad de recurrir a variadas herramientas para resaltar dentro de tantas celebridades, lo cual se ha acentuado más aún con las redes sociales y han dado a la extravagancia un lugar más amplio en la gama de estilos del siglo XXI.

En el mundo de la joyería actual, se observa el auge de tendencias que se destacan por su extravagancia y vistosidad, aumentando el número de seguidores que recurren a diseñadores reconocidos por sus diseños exagerados y muy costosos, pero como se trata de resaltar, no importa gastar miles de dólares o euros para no quedarse atrás.

Uno de estos diseñadores es Anton Heunis, diseñador de joyas sudafricano establecido en España, que se caracteriza por crear joyas que buscan cuerpos con “actitud” propia, y quien asegura que “la única regla que hay para lucir una pieza llamativa es tener actitud” y aconseja llevar “siempre” una joya que vaya con el “estilo” de cada persona.

Pudiese decirse que, aunque Heunis elabora joyas extravagantes y llamativas, no llega a los extremos, por lo que sus piezas no son tan grandes e incorpora siempre los cristales de “Swarovski”. Desde que hace 10 años montó su taller en Madrid, crea joyas estupendas que hacen resaltar los atuendos con cierto grado de extravagancia, pero que en ocasiones pudiese decirse que solamente son llamativas, las cuales pone a la disposición a través de las ventas “on line”, en tiendas multimarcas con unos 500 puntos de venta en todo el mundo.

La pasión por el diseño de joyas de este famoso diseñador africano comenzó en su infancia, cuando visitaba a su abuela, quien mantenía un tocador “repleto” de abalorios, lo cual le fascinaba, además de que en Sudáfrica siempre ha contado con una tradición de orfebrería que se trasmite de generación en generación, lo cual aumentó su motivación para dedicarse a este arte.

Es así como, la moda extravagante tanto en el mundo de la ropa como en la joyería, ha encontrado diseñadores que apuestan por el gran tamaño, piedras llamativas, formas voluptuosas y exageradas, como el caso de Juan Piedra, un maestro joyero que crea joyas extravagantes para cantantes como Wisin, Daddy Yankee y Don Omar.

También tenemos a Ben Baller, un diseñador que fabrica alhajas carísimas y extravagantes a famosos de la talla de Rihanna, Jay-Z, Drake, y el colombiano Balvin.Ben Baller, nació en Los Ángeles en el año 1973, y representa el paradigma de la ostentación en la joyería de alta gama, lo cual le ha permitido ganarse el calificativo “el fabricante de alhajas más famoso de Hollywood”. Pero, además también ha sido catalogado por muchos como el creador de piezas de mal gusto y carentes de toda humildad.

Sin embargo, el hace caso omiso a los comentarios de los detractores y continúa su arrollador éxito, que se alimenta por la fascinación por los grandes tamaños, el brillo y el lujo del oro,que muchas megaestrellas de la música sienten, sobre todo, las más adineradas, a quienes el dinero les sobra a montones, y no encuentran otra cosa más interesante que hacer que gastar en excentricidades, al punto de pagar medio millón de euros (e incluso más) por unas cadenas con las que se creen tiburones en un mar de delfines.

Este grupo de cantantes famosas ganan tanto dinero, no sólo con sus producciones musicales, sino por ser imagen de marcas, o por tener sus propias marcas de ropa, joyas o perfumes, que les importa un comino los comentarios adversos, con tal de mantenerse en la palestra pública, aumentar su número de seguidores en las redes sociales, por lo que lucir joyas extravagantes de mal gusto y costos millonarios, es una de sus herramientas para lograr su objetivo.

De esta manera, artistas como Frank Ocean, Jay-Z, Drake, Lil Wayne, SnoopDog, Rihannao Kanye West no sólo se les conoce por sus éxitos artísticos, sino por sus extravagantes cadenas o accesorios que lucen frecuentemente en todas partes, especialmente cuando se realizan eventos como los Grammys, donde sus quilates y precios estratosféricos se muestran en toda su expresión y llega su mensaje de jerarquía y poder.

Siguiendo con el tema de los diseños de Baller, debemos destacar que su taller tiene similitud con un almacén de descomunales anillos, medallones y colgantes, que resaltan su adoración por el metal más codiciado, donde además se encuentran sus diseños de tamaño XXL y formas extravagantes, en los cuales resaltan los brillantes engarzados de manera extravagante en unas ensaladas de alhajas cargadas de imágenes religiosas.

Dentro de la lista de clientes de Ben Baller, se encuentra el rapero canadiense Drake, a quien lo complació al transformar el logo de Stone Island, conocido como ‘Stoney, ‘una de sus marcas favoritas, en una cadena y colgante de 880 gramos de oro y diamantes incrustados, que fue valorada por el diseñador en 90.000 euros, y que el rapero pagó sin quejarse. Sin duda, una excentricidad, que caracteriza a muchos de los cantantes de estilos musicales como el hip hop o el reguetón. Pero el dinero es lo de menos para un artista con una fortuna estimada en 50 millones de euros.

Pero la lista de cantantes famosos no termina allí, el cantante J Balvin recurrió a Ben Baller y al artista japonés Takashi Murakami, quienes diseñaron una cadena exclusiva para él, cuyo costó fue de 560 mil dólares, la cual tiene una estructura de oro blanco de 18 quilates, que pesa casi 300 gramos, un medallón tallado en serpiente de oro blanco de 18 quilates de 300 gramos, acompañado de más de 5 mil gemas y diamantes, con un cierre al final con un esmalte detallado con diamantes blancos, lo cual da aproximadamente un total de 42 quilates.

Otro que gastó una cantidad exorbitante fue Rob Kardashian, miembro de la famosa familia cultivada en ‘realities’ televisivos, quien deslumbró hace dos años a su entonces novia Blac Chyna con un anillo de compromiso de siete quilates valorado en nada más y nada menos que 660.000 euros.
En fin, las extravagancias no sólo están en los diseños de las joyas, en sus tamaños, metales y piedras utilizadas, sino en las cuantiosas cifras que cuestan las mismas, que pueden ser consideradas como una exageración, que pudiese ser utilizada para mejores y humanitarios objetivos de vida.