El mundo de la astrología y el estudio del cosmos es maravilloso y está lleno de misterios y fenómenos naturales que evidencian el gran poder del universo y de Dios, que ha provisto al hombre y a todos los seres vivos de un poder energético, que si somos capaces de descifrarlo y manejarlo, podremos lograr grandes cosas en nuestro beneficio y el de los demás.

Una de esas manifestaciones de energía está representada por el aura, que   en términos generales es un campo electromagnético que se observa a través de una combinación del cuerpo etéreo, emocional y físico, o energía luminosa en forma de óvalo, la cual se encuentra rodeando a todos los seres vivos y es de cada ser vivo, y que en el caso de los seres humanos, posee información de sus almas.

De acuerdo con estos planteamientos, este campo electromagnético que se extiende aproximadamente un metro a dos lejos de los individuos, rodeándolo en forma de “óvalo de luz” con múltiples capas, trae información específica acerca de los aspectos resaltantes de cada persona, lo cual se deduce dependiendo de los colores básicos que se encuentran en ella, además de que está directamente relacionada con los chakras.

Existen varios criterios relacionados con el tema de cuántas capas componen el aura, sin embargo, uno de los más aceptados es el de que el aura consta de 7 capas o cuerpos sutiles, los cuales se interconectan y se afectan mutuamente de manera constante. A continuación explicaremos cada uno de ellos, para que tengan una idea más clara de cómo funciona el aura.

Primeramente se encuentra el cuerpo etéreo, el cual es el más cercano al cuerpo físico, reflejando generalmente la salud física y los instintos más básicos del ser humano. La misma se observa mayormente de un color azul o plateado suave, sin embargo la persona padece alguna enfermedad o desequilibrio, estos tonos se oscurecen de acuerdo a la gravedad de la misma, sobre todo alrededor del área afectada.

Seguidamente nos encontramos con la capa del aura más inestable o cuerpo emocional, relacionado con el estado anímico, actitudes y  reacciones emocionales ante el entorno, que cambia  constantemente  de acuerdo con el estado de ánimo del individuo, presentándose en tonos o combinaciones  de colores diversas, siendo  los colores más brillantes y puros los que se relacionan con las  emociones positivas, el amor, la paz, etcétera; mientras que los colores turbios y oscuros  representan las emociones negativas,  violentas  y los bajos instintos.

La tercera capa es el cuerpo mental, el cual se relaciona con lo que se denomina conciencia, con el pensamiento, que está representado por los colores amarillo y naranja.

La cuarta capa es el cuerpo astral, el cual está atado o conectado con el  cuerpo físico del individuo mediante un cordón plateado, que llaman generalmente “cordón de plata”, el cual permite que existan los “viajes astrales” que cualquiera de nosotros podría realizar si aumentamos nuestro nivel vibratorio. En este cuerpo que se  refleja a través de  los deseos superiores, la evolución espiritual y el amor incondicional, generalmente se manifiesta en varios colores que van desde el rosado puro hasta una mezcla de todos los colores del arco iris, lo cual es un indicativo que la persona se encuentra en un nivel de evolución avanzado.

La quinta capa representa al cuerpo espiritual, que  se relaciona directamente con la  conexión y comunicación  con  nosotros mismos, con nuestro propósito divino y con nuestros semejantes. A través de él nos interrelacionamos y dirigimos nuestra misión de vida.

El sexto cuerpo es el mayor o celestial, que hace posible la comunicación  entre el plano espiritual y la consciencia humana. Allí es donde básicamente se encuentran las experiencias extra corporales, los  sueños y las memorias de otras vidas, que también guardan relación con los registros akáshicos.

Finalmente, la séptima  capa es el cuerpo divino, que representa esa conexión entre  la sabiduría divina y  el plano superior, que llega a manifestarse a través  de un rayo y luz dorada brillante.

En este sentido, el aura está conformada por las capas o cuerpos explicados anteriormente, que representan toda la  vibración del cosmos  y que en cada cuerpo o ente individual responde a otras vibraciones. De esta manera, cada hombre recibe y expresa las vibraciones en forma de pensamientos, sentimientos o a través de interacciones o conexiones  con otras energías presentes en el entorno.

Cabe señalar también, que los objetos inanimados que se encuentran en nuestro alrededor también poseen energía que emana del entorno que  los rodea, y que generalmente son una  combinación de las energías del mismo ambiente  y de las personas que lo manipulan o se encuentran cerca de él; por lo cual pueden influir de algún modo en el campo vibratorio de aquellos que se encuentran en el mismo entorno, sin embargo, esta influencia depende de muchos factores que es más complejo analizar y describir, por lo limitado del espacio de este artículo.

Avanzando en el tema, debemos aclarar además que el aura no es estática, va cambiando de acuerdo a las circunstancias de cada persona,  dependiendo así de nuestra evolución personal y espiritual, y de nuestra relación con el entorno y con las personas y demás seres vivos que se encuentren en él.

De este modo,    nuestro cuerpo físico también  emite energía, que es reflejada a través del aura, razón por la cual algunos especialistas aseguran que cuando una persona está afectada por una determinada  enfermedad, esto se ve reflejado en los colores de su aura, por lo que éstos   dicen mucho de un individuo,  no sólo de su salud, sino de sus emociones, pensamientos, de sus intenciones y su esencia.

En este sentido, cada color transmite unas emociones diferentes,  afectándonos  a nivel psicológico  y  físico, de maneras distintas, recordando que las energías más oscuras o densas atraerán similares y rechazarán las más  puras, y viceversa.

Todo este proceso e imágenes de este campo vibratorio, llamado aura, en teoría, lo podemos observar todos los seres humanos, pero depende fundamentalmente del grado de evolución espiritual, pero también existen unas  máquinas que tienen una cámara ‘auro spectro photometer’, llamada Kirlian, la cual funciona con tecnología de bio retro alimentación a través de  sensores los cuales  fotografían  el aura de personas y objetos, usándose generalmente con la finalidad de  “diagnosticar” al individuo de acuerdo a los colores que salen en su foto.

Este diagnóstico se realiza tomando en cuenta el color que más se repita, el cual será el color básico, que es permanente en nuestra vida y sólo cambia en circunstancias muy particulares e importantes,  identificando  tanto las cualidades   positivas como las negativas. Sin embargo, también se hacen presentes otros colores llamados secundarios, los cuales  reflejan el estado interior momentáneo, o una etapa determinada de la  vida. En este sentido, a continuación vamos a resumir lo que cada color representa en el caso de que sea el color básico reflejado en la foto o imagen que se vea a simple vista.

Comencemos con el Azul índigo, el cual es el reflejo de una persona calmada y equilibrada, con habilidades psíquicas, la cual transmite mucha energía y fuerza, teniendo a ser muy saludables, leales, con  amor por la verdad y la justicia.

Las personas cuyo color básico sea el Violeta, posee pensamientos espirituales, intuición e independencia,  debido a que este color representa la transmutación y la conexión  entre la mente y el corazón.

El color naranja, nos habla de un individuo con capacidad para ser maestros o guías espirituales, consejeros, que se muestran alegres, amorosos, creativos y muy sociables.

Por el contrario,  el color  Rojo, nos refleja a una persona con pensamientos materialistas, que generalmente actúa con mucha pasión (amor u odio), y en ellas prevalece el sistema reproductivo y circulatorio, y si el rojo es muy intenso indica  sentimientos de excitación, nerviosismo, agresión y falta de equilibrio.

Si estamos en presencia del color Verde, éste identifica a personas con capacidad sanar, ser terapeutas, reflejando mucha tranquilidad y paz, sosiego y confianza, de sanación física y emocional.

El color Amarillo representa a una persona con  gran actividad mental, intelecto,  inteligencia, entusiasmo  y mucha luz, al punto de que podría tratarse de maestros espirituales. Pero, si el tono del amarillo es muy bajo, identifica a personas con  exceso de pensamientos, crítica y   falta de reconocimiento de los demás.

Finalmente, el color Rosado se asocia con el amor, la pureza la compasión, y representa el  equilibrio entre el mundo material y espiritual, donde las buenas acciones por los semejantes se hacen presentes en el actuar del individuo.

Estos siete colores son los que generalmente se consideran como los más importantes, y representan a los siete chakras que se citan frecuentemente, aunque otros especialistas consideran que existen más colores, chakras y capas o cuerpos. Por ello, vamos a describir algunos de los colores que también son descritos a menudo.

Blanco: generalmente este color representa los dolores físicos y la  enfermedad, sin embargo, si se observa brillante representa la verdad y la  pureza.

Gris: este color también podría estar indicando la existencia de afecciones  físicas o problemas mentales, pero si el tono es brillante y plateado representa la intuición y la energía creativa.

Café: este color representa a las raíces y el arraigo, a la conexión exagerada con el plano terrenal, a aquellas personas que   se niegan al mundo espiritual, por lo que si se muestra predominante como color secundario, los chakras deberían  desbloquearse o limpiarse, y si un color básico, el problema es más complicado porque este tipo de colores los llevaremos de por vida.

Dorado: representa a la energía espiritual, a la  armonía, inspiración y a la devoción, e identifica a personas con mucho poder de convicción, decisión y  fortaleza.

Negro: este color siempre se ha asociado con la muerte o desgracias, sin embargo podría representar la protección propia de la persona contra energías negativas, mientras se muestre como un color secundario. Además, podría indicar agujeros en el campo áurico que nos habla de posibles abusos infantiles, consumo de drogas y/o alcohol, así como también pueden indicar la presencia de alguna enfermedad en la zona donde se detecte.