Los huevos de Fabergé son joyas de gran valor histórico, gracias a la riqueza de sus materiales y las manos por las que fueron creados. Peter Carl Fabergé, de origen ruso nació en 1846, en San Petersburgo, joyero por tradición familiar, revolucionó por completo el mundo de la joyería. Cuando comenzó a crear para el Zar Alejando III en 1885, huevos hechos de metales y con joyas preciosas que dentro contenía una sorpresa. En total se crearon 69 huevos, de los cuales se conservan 61. Los restantes 8 huevos imperiales de Fabergé se consideran perdidos o desaparecidos.

Fabergé, se educó y preparó en Alemania, Inglaterra, Francia e Italia. En 1866, a los 24 años se independiza y toma el control por 10 años del taller de su padre, luego de la muerte de éste. Gracias a la calidad y originalidad de su trabajo con los huevos, fue considerado como el joyero oficial de la Corte imperial rusa.

Los huevos de pascua de Fabergé son piezas únicas que por más de un siglo fueron el fruto de las demandas de los zares y sinónimo del lujo extremo a nivel mundial. Estos eran creados en metales como el oro, plata, platino, con incrustaciones de piedras preciosas como el rubí, el zafiro, el diamante o la esmeralda. Los diseños eran muy recargados, al estilo rococó. Se dice que la inspiración para su creación venía de los viajes del orfebre o del museo Ermitage.

De acuerdo a los expertos, Fabergé elaboró 69 huevos de pascua, para los zares, la aristocracia, la élite industrial y financiera, de los cuales se conservan sólo 61. Asimismo, de estos 61, 52 pertenecían a la familia real rusa.

Sin embargo, luego de la caída de la familia Románov durante la Revolución Rusa, los huevos imperiales fueron robados y se disgregaron por todo el mundo, ocasionando así una búsqueda de huevos de Pascua sin precedente. Algunos aseguran que muchos están en colecciones privadas, otros que están en museos, y algunos han desaparecido por completo.

Uno de estos, es el huevo imperial Fabergé del neceser, creado en 1889, éste superó la Revolución Rusa, pero fue vendido en 1952 por una familia de coleccionistas a un misterioso comprador. Después pasó a desconocerse su paradero. El mismo estaba lleno de esmeraldas, rubíes y diamantes; y servía para guardar accesorios de belleza, como horquillas y brochas para maquillaje ¿Quién lo tendrá? Es una de las mayores interrogantes.

Otro de estos huevos, luego de ser visto por última vez en 1902, casi termina fundido en Estados Unidos, pues terminó en manos de un chatarrero; afortunadamente se enteró de su valor y fue subastado a un coleccionista.

Finalmente, Fabergé probablemente haya sido uno de los más destacados joyeros del mundo, pues no solo acumuló en experiencia, sino también creaciones increíbles tanto para los zares de Rusia como para importantes personalidades de la época; adicionalmente dejó un importante legado para la historia por su particular forma de hacer y entender las joyas. Mientras tanto el misterio de los huevos desaparecidos continuará…

ALFA