La psicología positiva, la salud mental y el bienestar tienen una relación directa, debido a que a través de los principios de esta disciplina logran activar los mecanismos para promover la salud mental de los individuos, para que así disfruten del bienestar bio-psico-social que todos debemos poseer. En este orden de ideas, a través de una serie de medidas o recomendaciones, podemos acceder a esos estados de  bienestar que favorecen las condiciones y la calidad de vida en el entorno donde nos desenvolvamos.

La calidad de vida definitivamente depende de un conjunto de factores internos que se encuentren intrínsecos en cada individuo, así como  de factores externos presentes en el ámbito familiar, social, político, religioso y cultural donde cada persona se desenvuelva, y que aportan aspectos tanto positivos como negativos que inciden en el estilo de vida y por supuesto en los estados de bienestar.

Ahora bien, desde la perspectiva de la psicología positiva, las personas somos entes individuales que nos desarrollamos de acuerdo a una serie de valores universales como por ejemplo: el amor, el respeto, la confianza, la solidaridad, la seguridad, la empatía, la responsabilidad, honestidad, entre otros; y del mayor o menor grado en que estos valores se encuentren inmersos en la personalidad del individuo dependerá en gran medida la salud mental y emocional que se posea.

En este sentido, según Seligman (1999) se puede definir la psicología positiva como “el estudio científico de las experiencias positivas, los rasgos individuales positivos, las instituciones que facilitan su desarrollo y los programas que ayudan a mejorar la calidad de vida de los individuos”. De esta manera, la psicología positiva, la salud mental y el bienestar, vienen dadas mayormente por  las fortalezas y cualidades humanas, las cuales proveen a los individuos una visión  más amplia con relación  a las capacidades,  poder  y las motivaciones que nos mueven a cambiar nuestros pensamientos y emprender acciones.  

Es así como, el término “psicología positiva” fue introducido  por Seligman durante la conferencia inaugural de la Asociación Americana de Psicología en el año 1999, cuando éste fue presidente de la misma, sin embargo se conoce que los primeros intentos en explicar este término, se realizaron en el año 1920 con los trabajos  de Watson sobre el cuidado psicológico de los niños, y posteriormente a finales de los años 30, con el trabajo de Terman y colaboradores sobre las fortalezas y talentos de los estudiantes y su ambiente académico, a través de los cuales se da una relevancia significativa a las motivaciones como parte básica de los logros.

Es por ello, que los pensamientos positivos que puedan tener las personas son básicos a la hora de lograr su salud mental y su bienestar psicológico, pero, debemos añadir que las condiciones del ambiente que nos rodea son básicas a la hora de lograr los objetivos propuestos;  ya que una persona puede poseer toda esta serie de valores, pero si se enfrenta a un cúmulo de situaciones negativas producidas por estados críticos de la sociedad donde habita, los esfuerzos para mantener su estado de bienestar deberán ser mayores.

En esos casos se puede romper el equilibrio que poseía, prevaleciendo pensamientos y emociones negativas que lo podrían hacer declinar ante la crisis social que tiene lugar en su lugar de origen y en donde se encuentra su hábitat, su familia, amistades, trabajo y relaciones sociales, y repercutir desde el punto de vista psicológico en sus actitudes y/o comportamientos.

Es por ello, que la psicología positiva parte de la premisa de que debemos como seres individuales promover los valores, utilizar nuestras fortalezas y alimentar lamente con pensamientos positivos, para optar a una salud mental y emocional estable y fuerte, que nos prepare para situaciones críticas en las cuales debemos mantener el bienestar en la medida de las posibilidades, abordando las crisis desde el pensamiento positivo.

En este contexto, se debe mencionar que en los últimos años, se ha producido un cambio en el campo psicológico, evidenciando a través de las investigaciones,  una tendencia a abordar las variables positivas y preventivas, destacando las fortalezas de los individuos,  en lugar de resaltar  los aspectos negativos que pudiesen ser patológicos, y que generalmente han sido el objetivo de estudios psicológicos.

Es por ello, que algunos investigadores  afirman  que uno de los retos en el campo psicológico, será realizar y profundizar la  investigación científica basada en el estudio  intelectual de los aspectos positivos de la experiencia humana, para así comprender  y reforzar  los elementos y  factores que favorecen el progreso de los individuos, comunidades y sociedades, para mejorar la calidad de vida y favorecer la salud mental y emocional.

De este modo, la  psicología positiva busca lograr cambios transcendentales en el campo de la psicología, para así abordar las problemáticas individuales, grupales y/o sociales a partir del desarrollo de las fortalezas, cualidades, capacidades y talentos  de las personas, por lo que la labor fundamental debe dirigirse hacia la prevención como punto de partida para estudiar y analizar las formas cómo incorporar esas  fortalezas y virtudes de los niños y jóvenes, a un proceso de  crecimiento positivo que prevenga los llamados desórdenes mentales y afecte la salud mental y emocional en el presente, a mediano y largo plazo.  

Desde la perspectiva de la psicología positiva se defienden los planteamientos teóricos, que conciben al ser humano como entes capaces de generar respuestas ante estímulos psicológicos como el reconocimiento, las afirmaciones, los pensamientos positivos, las proyecciones mentales y las visualizaciones, que favorecen el desarrollo de personalidades con fortaleza psíquica y espiritual, lo cual obviamente repercute de manera determinante en las actitudes que se asumen ante las situaciones apremiantes, disminuyendo el riesgo de decaer y perder el estado de bienestar que posee y por ende la salud emocional y mental.

En este orden de ideas, debe destacarse el hecho de que uno de los principales aportes de la psicología positiva a la sociedad,  ha sido precisamente  la toma de conciencia en relación al establecimiento de un sentimiento o estado  de felicidad y/o bienestar duradero, para que las personas se sientan la mayoría de las veces sumergidos en ese sentimiento y/o estado, que le provee además salud mental, emocional, e inclusive física.

Sin embargo, los procesos no son iguales en todas las personas, debido a que cada individuo posee fortalezas de carácter, que puede poner en práctica para lograr los resultados esperados; considerando que tales fortalezas representan características o rasgos   psicológicos que se pueden utilizar en las circunstancias que se presentan día a día, y que nos llevan a actuar de una manera u otra. Por supuesto, desde la perspectiva positiva, la idea es utilizarlos satisfactoriamente  en la resolución de conflictos o situaciones que nos afectan desde el punto de vista mental y emocional.

Por lo tanto, la puesta en práctica de una determinada fortaleza origina emociones positivas verdaderas, las cuales generalmente se activan como barreras contra la enfermedad emocional y física. De esta manera, nos encontramos con fortalezas que a su vez son valores humanos y sociales, como el optimismo, la empatía, la sinergia, la honestidad, la fe, la perseverancia,  las habilidades interpersonales, la comunicación eficaz, la solidaridad, el trabajo ético, la esperanza, la paciencia  y la capacidad para hacer fluir las cosas, entre otras; que nos ayudan a lograr el bienestar y la salud emocional desde una perspectiva positiva.

De allí que, desde la psicología positiva se sugiere que las personas  pueden usar y fortalecer su capacidad de generar emociones positivas, de una manera intencional, cambiando los paradigmas del pensamiento, y para ello, existen muchas técnicas y métodos, como por ejemplo, la Programación Neurolingüística o PNL, la cual ha tenido un auge significativo en los últimos tiempos.   

Por otra parte, es conocido el hecho de que las  emociones positivas se pueden utilizar para concentrarse tanto en el pasado, como en el presente o para proyectar  planes  futuros. En relación al pasado, es bueno recordar las emociones positivas que sentimos en determinadas circunstancias y/o eventos, donde estuvieron presentes la satisfacción, complacencia, realización personal, orgullo y serenidad;  para que nos ayude a proyectarlas en nuestro presente y nos sirven de motivación para el logro de nuestro bienestar.

Asimismo, las emociones positivas relacionadas con el presente incluyen la alegría, el entusiasmo, la euforia, la fluidez, la tranquilidad y el placer, que nos hacen sentir felices y prósperos, y que por supuesto nos trae salud emocional y un estado de bienestar y/o felicidad.  Con respecto al futuro, las emociones positivas como el optimismo, la esperanza, la fe y la confianza; nos aportan beneficios significativos para trazarnos metas a mediano y largo plazo, que a través de los pensamientos positivos, la proyección mental y las visualizaciones, nos servirán para preparar el camino para lograr nuestros objetivos.

Cuando las personas experimentan emociones positivas se modifican sus formas de pensamiento y acción, se optimizan sus propios recursos personales en el nivel físico, psicológico y social. Incluso, hay estudios que evidencian que la risa, la felicidad y el buen humor ayudan a mejorar la salud, relacionándose con la longevidad, la competencia inmune, la recuperación cardiovascular y el adecuado afrontamiento al estrés y a la adversidad.

En tal sentido, desde la psicología positiva se siguen una serie de principios que toda persona debería seguir para optar a condiciones de vida óptimas, en donde se usen las fortalezas y emociones positivas para lograr un estado de bienestar psicológico que le otorgue el mayor nivel de felicidad, promoviéndose también el crecimiento personal y espiritual a través de emociones y sentimientos hacia los demás.