Aunque en algunos casos las personas corren del sol, en otros, más bien evaden las sombras. Esto se debe a que uno de los efectos del sol en el organismo es la liberación de endorfina, conocida como la hormona del placer. Asolearse un poco no es malo; sus consecuencias son notables cuando esto se hace en exceso. Sin embargo, existen situaciones en las cuales se hace imposible escapar de las irradiaciones, permitiendo que éstas se adentren en la piel. Para estos casos y sus similares, se recomienda hacer uso de métodos de protección.

El mundo de la ciencia comprobó que el motivo por el cual ciertas personas tienen la necesidad de durar horas expuestas al sol, es por la presencia de la hormona ya mencionada, la cual es la causante de hacer de esto una adicción. Pero como toda droga, esta trae consecuencias.

La demasía de rayos solares tiene un efecto contraproducente en la piel, pues crea quemaduras que matan células saludables. La continuidad de este acto debilita la dermis, haciéndola propensa a desencadenar cáncer en la piel. Entre los más frecuentes están los melanomas y carcinomas cutáneos.

Además de esto, otro daño es el envejecimiento prematuro. La misma eliminación de tejido a causa de los altos grados de calor en el cuerpo, hacen que la glándula sebácea deje de proporcionar sebo: una sustancia grasosa que ayuda a mantener la hidratación externa y protege al organismo de bacterias presentes en el ambiente. La falta de esta secreción fomenta la aparición de arrugas.

No todas las afecciones solares se reflejan en la piel; el sol también puede ser perjudicial para la visión, puesto que los ojos se encuentran en permanente percepción de esta luz. Las cataratas visuales son el caso más usual a largo plazo; en las personas con esta condición, el cristalino se va oscureciendo hasta impedir por completo la visión. No obstante, está la queratoconjuntivitis, su diagnóstico se confirma cuando las glándulas lagrimales no están generando líquido.

Uno de los casos más frecuente en los niños es la insolación. Ésta se caracteriza por la presencia de fiebre, dolores de cabeza, mareos y náuseas. Esta situación, en casos exagerados, puede hacer que el joven convulsione.

Entre tantos males es mejor prevenir. Por esto, se recomienda hacer uso de ropas que cubran al menos el 80% del cuerpo. Cuidar la vista es importante, por esto, los lentes que se utilicen deben tener protección especial para los rayos ultravioleta. De igual forma, las gorras y sombreros también son ideales para resguardar el cuero cabelludo.

Además, las cremas bloqueadoras e hidratantes son esenciales para mantener una piel saludable. La primera se encargará de privar el acceso de los rayos y la segunda prestará apoyo a la regeneración de células.

Al tener todo esto en consideración, se puede resaltar que tampoco la idea es no recibir la luz del sol, sino poder disfrutar de ella lo suficiente para que no se trasforme en abuso, pues las consecuencias de esto serán irreversibles.

ALFA